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COMO HACIAMOS CUANDO DISPARABAMOS CON PELICULA

 

 

Qué tiempos, parece que fue ayer……pero pagábamos en pesetas !!

 

Para muchos de los fotógrafos profesionales que trabajan actualmente, la fotografía con película pertenece a una época  que no vivieron. Es el pasado.

Para los “dinosaurios” de la fotografía que aun sobrevivimos, parece que fue ayer, y recordamos con nostalgia el olor de las emulsiones, el tacto del celuloide, el papel en Blanco y Negro, las Polaroid, el Fotómetro,

el sonido de aquellas cámaras cuando obturaban y subían el espejo……

El equipo que llevábamos entonces en las maletas de cámaras no tiene nada que ver con lo que llevamos ahora en las mochilas . Maletas- Mochilas, hasta esto ha cambiado.

Voy a tratar de explicaros como vivimos aquella época.

 

Llevábamos siempre tres cuerpos de cámara, independientemente que fuese  en 35 mm o formato medio.

 

EL CUERPO DE POLAROID:  Todo empezaba siempre con una “ Pola “ del cambio de ropa y modelos que teníamos preparado.

Era un chasis de polaroid que se acoplaba a un cuerpo de cámara como el que utilizabas para la película. Tenías que medir con el fotómetro la luz exacta para la sensibilidad ( ISO) de esa polaroid, después reconvertir e interpretar al nuevo ISO de la película. Disparabas y tenías que esperar un minuto a que los líquidos de la emulsión se revelasen, minuto que se hacia eterno, y además necesitabas una temperatura mínima, por lo que cuando hacia frío, la metíamos por dentro de la cazadora y la pegábamos al cuerpo para que se calentase. Después la sacábamos y a veces incluso le echábamos repetidas veces el aliento y la frotábamos para calentarla y así al abrirla, los colores fuesen los correctos. La parte de la emulsión la tirábamos a una bolsa de basura que entonces siempre llevábamos como parte del equipo, pues teníamos un montón de desechables a lo largo del día.

Normalmente hacíamos mas de una Polaroid, hasta clavar el encuadre y la luz en el momento de la toma. Pocas variaciones había después.

Llevábamos un cuenta hilos, con el que estudiábamos la pola. El cuenta hilos era entonces parte de nuestra vida.

 

UN CUERPO DE CAMARA con el que tirábamos los rollos de película del shooting. ( Entonces no se utilizaba esta palabra ).

Normalmente eran diapositivas. Teníamos muchas variedades, más contrastadas, menos, con distintas latitudes de exposición y de distintas sensibilidades. Según cada trabajo decidías previamente cuál utilizar.

Desechabas un montón de cajas de cartón y envoltorios de los rollos, que tirabas a la bolsa de basura, que el asistente llevaba enganchada en la cintura.

Debías cuidar que toda la película fuese del mismo lote de fabricación, es decir, que tuviesen la misma partida de emulsión para evitar “ posibles diferencias de color “.

 

UN CUERPO DE TEST, con el que hacíamos un único disparo de esa toma en las mismas condiciones de luz, encuadre, diafragma, velocidad, en que habíamos hecho la toma con el cuerpo de película. Así, al final del día disponías de uno o dos rollos en los que tenías una fotografía de cada cambio. Estos rollos eran los primeros que se mandaban revelar, se especificaba en el sobre que dejabas en el laboratorio “ normal sin cortar “  para que al recogerlo una vez revelado pudieses ver todas las tomas echas en el mismo orden de disparo. Esto te permitía entalonar ( igualar de luz ) todo el trabajo, dando instrucciones al laboratorio para que los revelasen normal,  forzando o subexponiendo el revelado.

Era muy normal revelar forzando o subexponiendo tan solo 1/3 de diafragma.

 

Para esto, teníamos el PARTE DE CAMARAS. Consistía en unas hojas que fotocopiabas, ( entonces no se imprimía ) donde el asistente llevaba el control absoluto de todo lo disparado. Para esto se numeraban todos los rollos una vez acabados con un rotulador indeleble, que era parte fundamental del equipo que tenias que preparar.

En el parte de cámara se apuntaba por orden, los números de rollos que había en ese cambio, el test al que pertenecía y observaciones del tipo “ a mitad de rollo salió el sol “

En esta casilla se pegaba la polaroid correspondiente con pegamento de barra una vez cortada con una tijera. No podías olvidarte de meter un par de bolígrafos en la maleta.

Así, cuando hacías exteriores, salías todas los mañanas con la película necesaria para el día, y el resto, con lo ya disparado lo guardabas como oro en paño  en la habitación del hotel.  Al final, una vez terminado el trabajo, volvías en el avión con una bolsa llena de rollos ( doscientos, cuatrocientos fácilmente ) que no soltabas de la mano en ningún momento. ¡¡ No había copia de seguridad !!

Nos ponía especialmente nerviosos pasar la película por los rayos x en los aeropuertos, e intentábamos convencer al funcionario de turno para no hacerlo.

 

 

      

 

 

Ya en casa, comenzaba el proceso del revelado. En aquella época visitábamos el laboratorio dos o tres veces al día. Era divertido pues en los laboratorios te encontrabas habitualmente a tus compañeros de profesión, y aprovechabas para charlar con ellos y comentar como estaba la cosa.

Lo primero que entregabas eran los rollos de test. Los laboratorios tenían un buzón en el exterior por si llegabas a horas intempestivas, donde dejabas las bolsas de película con las instrucciones de revelado. Cada laboratorio te daba sus bolsas o sobres que también llevabas en la maleta de cámaras.

Después de analizar estos rollos de test sin cortar, empezabas a meter la película con las diferentes instrucciones de revelado. Nunca de golpe, pues aunque muy poco probable, sí cabía la posibilidad de que el laboratorio tuviese algún tipo de fallo o avería y el revelado no fuese correcto.

Entregabas los rollos en fases, y alternativamente, de manera que si de un cambio tenias mas de un rollo, cosa normal, no entraban a la vez aunque tuviesen el mismo revelado.

A veces ocurría que el test no era claro, o tenias dudas, entonces ordenabas hacer un clip. Consistía en el revelado de solo un trocito del principio del rollo. En él veías dos o tres fotogramas con el revelado indicado. Así decidías para el resto de los rollos que le correspondían.

Los Laboratorios disponían de una mesa de luces, donde  con tu cuentahilos, podías ver las diapositivas. Estas mesas de luces eran de luz blanca calibrada a  5.600 grados kelvin, para que los colores fuesen exactos.

Te volvías al estudio con las cajas de diapositivas, cortadas y enmarcadas y con tu nombre impreso en los marquitos cuando era en 135 mm. Con el cuentahilos hacías la selección en la mesa de luces, y metías en carpetas de plástico el trabajo final para el cliente.

Entonces toca la visita al cliente. En la actualidad entregas el trabajo por wetransfer y le envías un whatsapp avisándole. Él te contesta seguramente con un mail felicitándote por el trabajo.  No hay mucho  trato personal.

Qué distinto era cuando te acercabas a la editorial, en la recepción solía haber alguna portada tuya enmarcada adornando la pared. Subías a la planta de la redacción y de camino hasta el director de arte saludabas a los maquetistas, redactores y resto del equipo pues los conocías desde hacia años.

En la mesa de luces, de nuevo con el cuentahilos el director de arte revisaba el trabajo y conversabas afablemente sobre los resultados y dificultades que habías tenido. Casi siempre acudía la directora o director para ver la selección final, y tras una agradable conversación, hablábamos sobre  el próximo trabajo que te encargarían.

Cuando yo empecé en la fotografía, no existía la fotografía digital  ni nada que se le pareciese. Cuando disparabas ya nada se podía cambiar, por lo que tenias mucho cuidado de que en la foto no te apareciese ninguna señal de trafico, colillas, cielos blancos o arrugas en la ropa. Cualquier corrección se hacia con aerógrafo y era un dineral.

Las partidas de película y revelado, eran una parte fundamental en los presupuestos, y fácilmente un trabajo en exteriores de varios días podía rondar las doscientas cincuenta mil pesetas. (1.500€ ).

El cliente actual, en la era digital se ahorra este coste, pero a cambio tiene que asumir los retoques digitales. En los principios de los principios esto no estaba tan claro por parte del cliente, y hubo algunos momentos de tensión.

 

 

 

      

      

 

 

 

Los primeros trabajos digitales los hicimos por imposición del cliente, que buscaba una reducción  en su presupuesto. La diferencia de calidad entre la película y la fotografía digital de aquellas primeras cámaras era enorme, brutal. Por supuesto, te costaba encontrar quien supiera retocar un archivo digital. Los primeros trabajos los hicimos en JPG, pues tocar un RAW ya era ” cosa de la Nasa “. Aparte, que el procesador de aquellas cámaras fotográficas  era muy limitado y para disparar en RAW tenias que esperar varios segundos entre disparo y disparo.

¡¡ A veces me pregunto como pudimos hacer aquellos catálogos con esas cámaras !!

Y fue llegando la tecnología y las versiones de Photoshop. Las redacciones empezaron a disponer de MAC y escanear  ellos mismos las diapositivas con sus propios equipos.

 

 

Para los que revelamos y positivamos profesionalmente en Blanco y Negro en los laboratorios de nuestro estudio, el photoshop solo era una herramienta que nos permitía llegar a los resultados que queríamos, lo teníamos muy claro. Era como revelar en el laboratorio pero sin mancharte las manos y con “ comando z “ .  

Empezaron los cursos de photoshop, pero una cosa es manejar un programa, y otra saber a donde tienes que llegar y que hacer con él.  Educar el ojo es algo puede llevar mucho, mucho tiempo.

La fotografía digital sin duda ha facilitado mucho el trabajo a los profesionales abriéndoles un abanico enorme de herramientas para desarrollar su trabajo y creatividad, pero también al simplificar tanto las cosas ha abierto la puerta a muchos profesionales que están lejos de serlo, por carecer de la preparación y experiencia que antes nos exigían.

 

Añoramos aquellos tiempos ?.  No, la fotografía digital nos ha facilitado mucho nuestro trabajo y creatividad.   ¡¡ Bienvenida !!

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